HISTORIA GSPILAR

 

 

El Colegio del Pilar tiene una larga tradición en cuanto a escultismo se refiere. No sólo por su condición de primer grupo de la Asociación de Scouts de Madrid; la tradición viene de lejos. 

 

Años 60:

Al comienzo de la década el Grupo tenía como responsables a Francisco García Marquina y a Martín Valmaseda, que junto con el padre Mario González Simancas habían sido sus fundadores en el curso 1958-1959.

Posteriormente se hicieron cargo del grupo José Antonio Susaeta (1962-1967), Aniano Sáiz (1967-1969) y Manuel Salvador Zancada que permaneció de responsable durante la década siguiente.

Inicialmente partimos con una tropa y en el año 1961 el Grupo del Pilar teníamos dos tropas de scout, la 1ª y la 3ª de Madrid, cada una de ellas con cuatro patrullas. En aquellos primeros años la actividad scout se centraba principalmente en la “Patrulla”, que tenía una gran autonomía tanto organizativa como económica y funcional, recayendo en el “jefe de patrulla”, máxima categoría scout la responsabilidad de su buen funcionamiento y progreso.

La patrulla fijaba sus propias cuotas, que los miembros pagaban semanal o mensualmente. Además se hacían actividades para conseguir dinero: vender papel, vender flores en mayo o el día de los difuntos, etc. El jefe de patrulla se encargaba de llevar la contabilidad de la misma. En los campamentos cada patrulla organizaba su comida, preparando previamente los menús para todos los días y haciendo sus propias compras.  Asimismo, cada patrulla tenía un “libro de honor” en el que además del diario de actividades se anotaban los progresos de cada miembro de la misma: patatierna, promesa scout, scout de 1ª y de 2ª, etc. A lo largo del año hacíamos excursiones y acampadas tanto de tropa como de patrulla y normalmente las diferentes ramas: lobatos, scout, etc., iban de campamento de verano a sitios diferentes. Entonces era mucho más fácil encontrar lugares para acampar tanto para los campamentos de verano o de Semana Santa, como para una acampada de fin de semana. Se podía hacer fuego prácticamente en cualquier sitio. Eso sí tomando todas las precauciones posibles para no provocar incendios, lo cual hacíamos rigurosamente ya que no se recuerda ningún percance de este tipo. El local de scout estaba entonces situado en el sótano del colegio, donde hoy se encuentran los comedores. Cada tropa teníamos nuestra zona particular y dentro de ella cada patrulla teníamos nuestro “rincón” propio que decorábamos según sus gustos, aunque dentro de una cierta uniformidad.

 

Años 70:

 

Durante estos años, las reuniones eran en un local del patio sur, estaban de moda los juegos de ciudad, en los que muchas veces los pioneros y rovers ayudábamos disfrazándonos y en los que los lobatos tuvimos que conseguir ¡hasta heces de conejo!

Las excursiones con las Chirucas, los tubos de leche condensada y las galletas Príncipe, los viajes en tren escondiéndose en el baño para que el revisor no contara a alguno, la casa de los Maldonado en Venturada, a Gudillos, el culo-esquí, aquella vez que encontramos algo parecido a un ataúd y alguien se metió dentro para asustar al resto, las películas en súper 8 de las empresas de los rangers y pioneros como “los hombres de Neanderthal”, “Barón Dandy”, “La época medieval”, “La vida de Robin Hood”, “Juicio a un menor”, “El diario de Ana Frank”, y un larguísimo etcétera de recuerdos inolvidables. Los campamentos de Navidad solían ser en La Parra, en Gredos, en casa de los marianistas, o en Trujillo en casa de la familia Blázquez, o en Sotillo de la Adrada, mientras que de los de Semana Santa o las etapas de trabajo hay que hacer una mención especial a Buenafuente del Sistal, que fue visitado en varias ocasiones por las distintas tropas, aprendiendo lo que era la vida en un monasterio de clausura y que posteriormente estuvo muy ligado a otras actividades que se realizarían a través del Colegio.

Pero sin duda, son los campamentos de verano, los que están llenos de historias como la famosa vacuna del tifus todos juntos, el contrabando, el olor a aután, las búsquedas del tapón del río, los raids, el zorro, las galletas al viejo lobo, las letrinas y su olor a zotal, aquella vez que en un raid contamos a unos obreros que nos habían echado del campamento para que nos invitaran a comer de sus bocadillos, los días de padres con las comilonas y los fuegos de campamento con la típica actuación de los enanos y el vídeo a cámara lentarápida, los viajes en tren o en autobús, las marchas y todo el resto del tiempo cantando…

Es complicado hablar de todos esos recuerdos sin mencionar que fueron los años en donde se crearon nuevas tropas en pioneros, donde por fin aparecieron las tropas mixtas y las alitas, o donde cada año se hacían varios campamentos y cada rama y tropa de pioneros se iba a un lugar distinto; pero resulta aún más difícil pasar por todos esos años sin pararse a pensar en todas las personas que contribuyeron con su granito de arena a que todo esto fuera posible, a que cada campamento estuviera siempre lleno de sonrisas y ganas de jugar y de compartir esas experiencias inolvidables que sin lugar a dudas, dejaron huella en el Grupo; un grupo que era una parte fundamental de sus vidas.

Decada de los 2000:

 

La década del 2000, es la década en la que el Grupo cuenta ya con cinco ramas, bien consolidadas. El kraal se organiza con un equipo de coordinación en el que deja de haber un religioso marianista dentro del kraal con excepción del consiliario. Rogelio dejó el Grupo en 2001 y desde entonces contamos con la presencia de distintos consiliarios: Pablo Rambaud, Enrique Aguilera, Pachi, Ignacio Zabala, el padre Osborne… El número de alumnos del colegio se reduce en un número considerable con las nuevas leyes educativas, pero el grupo no se ve afectado demasiado por esta situación, contando con unos 150 miembros de forma más o menos constante. En Scouts de Madrid se van a producir grandes cambios a lo largo de la década, empezando por el congreso de responsables del 2000, el Bantaba; se viven momentos de fuertes discrepancias ideológicas en la asociación que se van resolviendo a lo largo de la década.

 

Decada de los 90:

 

Los primeros 90 traen un cambio de aires en el asociacionismo. Toda la efervescencia iniciada en los 80 se va volcando en lo social y desligándose de lo político. Un movimiento natural para la primera generación de jóvenes que no sabíamos de la dictadura más que lo que nos contaron nuestros mayores. Son años dominados por la solidaridad

y la idea de cooperación. La década que verá la explosión de las ONGD. La inmigración desde países menos desarrollados comienza a ser un fenómeno visible y los inicios de la sociedad de la información traen a nuestra puerta el drama de la pobreza y la desigualdad como nunca antes lo habíamos visto, removiendo conciencias y encendiendo voluntades. Las ONGD (como herramientas de expresión de la juventud en la sociedad) saltan al primer plano y se multiplican por doquier. En general sobradas de espíritu pero faltas de eficacia y gestión (no-profesionalidad), muchas serán flor de un día pero todas contribuirán sustancialmente a la construcción de una conciencia social solidaria y a fijar la idea de que “otro mundo es posible” en consciente colectivo.El Grupo Scout Pilar, como siempre signo de su tiempo, vive con intensidad esta apuesta por la solidaridad con mayúsculas y se implica en mil y un proyectos, actualizando su ideario para mirar más al exterior con otros ojos: participación en campañas, acuerdos de Scouts de Madrid con Intermón, lanzamiento del proyecto “Arco Iris” para la integración de personas con discapacidad en el Grupo, nuestra tienda plantada en la Castellana por el 0,7%…Y cuando creíamos que la incipiente globalización iba a amplificar este giro hacia lo social y lo humano, ocurrió justo lo contrario. Canales de televisión donde elegir, la guerra en directo por primera vez, el hambre y la muerte en Ruanda a diario, los primeros pasos de la aldea global y de Internet… Todo llega muy rápido a nuestra retina pero se marcha igual de veloz y empezamos a acostumbrarnos a que todo pase ante nuestros ojos y no nos “toque” dentro. Según se acerca el final de la década nos alcanzan los nuevos vientos

que trae el consumo exprés. El compromiso, el esfuerzo y la fe (pilares todos de nuestro modelo educativo) pasan a ser valores a la baja y la vida sólo se entiende en el corto plazo. Se hace difícil conectar y enganchar con la generación del botellón, de la satisfacción instantánea, el consumo y el móvil.

El asociacionismo en general pasa horas bajas en nuestra sociedad y empiezan a faltar las “vocaciones” y las que hay funcionan en el relevo corto. El Grupo, después de haber crecido progresivamente hasta llegar a contar con más de doscientos scouts, siente el embate (todo Scouts de Madrid pierde volumen) y el envite, y planta firme los pies para reafirmarse en su ideario en su 40 aniversario (1999) y mirar al nuevo milenio a la cara con fe, con convicción y con renovada ilusión por ofrecer nuestra alternativa a la juventud. Los grupos marianistas se hermanan y suman apoyos en la asociación para convertirse en punta de lanza dentro de Scouts de Madrid MSC (Bantaba 2000) contra la relajación y la baja de valores imperante. El Grupo Scout Pilar opta valientemente en ese momento por crecer desde la base, renovar y rejuvenecer sus estructuras. Es la llegada de los Castores.

Años 80:

 

Fueron años movidos en el Grupo. Años de cambios y de momentos duros en los que estuvimos pendientes de un hilo. Pero como siempre hacemos los scouts (y más los del Pilar), nos crecemos ante las adversidades, sonreímos, arrimamos el hombro y superamos todo tipo de contratiempos. Aunque no vayamos a creer que los momentos malos fueron los que monopolizaron la década. Quedan en la memoria de todos nombres de niños y responsables (nombrarlos coparía el trabajo que nos ocupa) que con su esfuerzo, valía y entusiasmo hicieron posible el engrandecimiento de nuestro Grupo, contribuyendo a hacerlo célebre en el escultimo madrileño. Todavía se siguen celebrando campamentos de verano por ramas (lobatos y rangers), tropas (pioneros) y clanes de rutas. No sería hasta 1988, en Santoña, cuando se celebre el primer campamento con lobatos, rangers y pioneros juntos. Es en estos años cuando alcanzamos la plena integración de las niñas en el Grupo, consiguiendo a finales de década que compartieran tienda lobatos y gacelas, formando parte de la misma unidad, algo impensable en los inicios y que costó sus discusiones y encontronazos con algunos padres. Pero visto años después la decisión no pudo ser más acertada.

Los pioneros siguen con su leitmotiv de campamento de verano dividido en dos partes: volante y etapa de trabajo.

La zona del Alto Tajo, Picos de Europa y Pirineos son testigos preferentes de las aventuras y desventuras de las tropas, sin olvidar Tenerife como destino “exótico”. Tiempos son todavía de pasar revista a las tiendas, de toques de silbato, de coches de campamento propios de museo y de míticos partidos de fútbol entre los rangers y los paisanos de los pueblos a los que iban de campamento, casi todos los años con idéntico resultado (mejor obviarlo). La camisa gris pasa a formar parte de la Historia y aparecen las camisas de colores para cada rama. También supone el adiós de las tropas A, B y C de pioneros y pasan a ser una sola unidad. Pero todos esos cambios no suponen otra cosa que la adaptación a la nueva metodología surgida en el Encuentro de Zaranda. Cambian las formas, pero nunca el espíritu de crear un mundo y una sociedad mejor que nos lleva acompañando desde nuestros inicios.